domingo, 17 de octubre de 2010

Lito Vitale, Teatro Ciego (16 octubre 2010)


Lito Vitale, Teatro Ciego
16 de octubre 2010

Algo que caracteriza a HAGAN RUIDO es que es un sitio para ver música, más que para oírla. A través de videos en vivo, de fotos o de la lectura de nuestras crónicas, el principal sentido que aquí exploramos es el visual.

En este caso el comentario trata de relatar la experiencia más personal, del ciclo Todo Sonidos en el cual participó Lito Vitale, solo al piano e improvisando, en la pequeña sala del Teatro Ciego, ubicada en el Abasto porteño.

Allí ingresaremos guiados por sus asistentes, en una organizada fila, colocando nuestras manos sobre los hombros de quien va adelante. Al traspasar la primera gruesa cortina negra ingresaremos en una completa oscuridad.

Empezamos allí a descubrir nuevos saberes, conductas y valorar la asistencia necesaria para poder guiarnos sin contar con nuestra vista.

Nuestros asistentes nos dejan claro que nada nos sacará de la oscuridad milagrosamente para calmar nuestra intranquilidad, pero también nos trasmiten su confianza distendida. Ellos se convierten por experiencia, en nuestros ojos y guían nuestros pasos.

Durante los primeros minutos sentí la desesperación de mis ojos por encontrar alguna luz, por momento se aferraban a un diminuto punto rojo, abajo, adelante. Comenzar a suponer que podía haber allí, sin perspectiva intuir la distancia. El punto se diluye, mientras busco mis manos ante los ojos y no las encuentro.

Abruptamente se inicia el piano, el sonido es potente y estruendoso, como si buscara exaltarnos. No se escuchan voces. Esos pequeños ruidos delatan algún movimiento ¿Cercano? ¿Lejano?

La primera interpretación parece finalizar, solo los sonidos nos dan referencia de ello. Dudamos en iniciar los aplausos, dudamos en aplaudir. ¿Cuanto? ¿Como?

Recién luego de dos interpretación, escuchamos la voz amigable de Lito presentarse. Su voz marca otra referencia en el espacio no visible. Ahí nuestros aplausos parecen más confiados, mas sueltos, más extensos.

Sigue Lito y creo detectar olores, parece el dulzor de una torta pero no me pongo de acuerdo si es de queso y frutillas. Habrá más olores que inunden fugazmente al ambiente, quizás a penetrante peluquería, o limpiador domestico, tratando de despertarnos otros sentidos.

Lito sigue improvisando, cada vez pienso menos en el impenetrable negro. No estoy cómodo en mi asiento, recostado hacia adelante, hasta que logro reclinar mi espalda.

Vitale empieza a jugar con ritmos más cercanos, un sabor folclórico, unos pasos de tango, el ritmo nos induce a acompañarlo con nuestros pies y nuestras palmas.

Pero un ruidito insistente rompe la música, alguien nos irrita jugando insistentemente con el papel de un caramelo. El ruidito insistente persiste y crece, exaspera, hasta que alguien reclama silencio. Pese a todo intuyo una intención que Lito delata al invitarnos luego con un caramelito a cada uno.

Me vienen recuerdos lejanos, de aquellas actuaciones de Vitale en el Teatro Santamaría, a mediados de los años ochenta, entre otros músicos del grupo MPA (Músicos Populares Argentinos) al que solíamos concurrir con amigos. Hay mucho de amigable nostalgia en los músicos que me atraen.

“Es fantástico que esto vaya por un camino paralelo a mis otros proyectos. Acá, yo no tengo que conformar a nadie. No hay nada que tenga que funcionar. Es cerrar los ojos y tocar. Algo muy simple, una deformidad o una nota sola. No importa. Eso es lo que siempre soñé.” Había declarado días atrás en una entrevista para el Diario Clarín en una referencia más amplia a sus proyectos de estos meses.

Seguimos sentados y pasivos, sin vista, pero podemos oír y ese es el principal sentido que exploramos y por el que Lito nos guía. Los aplausos resultan más intensos y sostenidos, cada vez que la música se interrumpe.

En la despedida, nos invita a participar proponiendo algunas notas sobre las que jugar en el piano. Al fin el piano se calla y un resplandor muestra un hombre retirarse de la sala. Instantes después las luces se encenderán, descubriéndonos y descubriendo el misterio de aquella luz rojiza de la cual ya me había olvidado.

Vitale regresa para saludarnos uno a uno, quedarse charlando con varios y disfrutar de ese clima tan relajado que nos dio la oscuridad. Allí despejara nuestras dudas comentándonos que su interpretación fue sin mas guías que las nuestras, en la oscuridad y sin ayudas, para que sus manos recorran las teclas entre la confianza y el error.

Mas allá de los sentidos especialmente auditivos, queda la experiencia de sentir la ayuda del otro, la confianza con que nos recibieron en introdujeron en esta forma de ver y de dar.

2 comentarios:

  1. Excelente relato y me atrevo a aventurar que fue una experiencia única..... por lo menos lo viví así. En estas circunstancias no dudo en decirte que siento envidia por lo que estás haciendo (esto es problema mio) pero me pone mucho más contento por como lo vivís y lo compartís (estas son virtudes tuyas).
    Como siempre te digo me alegro, me pongo muy feliz cuando te veo que hacés lo que hacés y encima lo plasmás. No tengo duda que esto es lo tuyo.
    Un abrazo.
    Eduardo

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  2. Adhiero al concepto general que expresa Edu...
    Èsto es, evidentemente, lo tuyo.

    Più avanti!!!

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